La ascensión de la reina. (Aventura, Oscuro)

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La ascensión de la reina. (Aventura, Oscuro)

Notapor Angelus-Y » 08 Jun 2014, 15:49

Hola, quería traeros un fic que he escrito, un poco diferente...no se que os parecerá pero me gustaria saber vuestra opinion y si ha sido de vuestro agrado, que espero que si.


Dejare la historia en Spoiler para que la leais a gusto. He dejado un enlace a youtube a un video de banda sonora, en caso para aquellos que les guste escuchar algo mientras leen, si preferis leer en silencio y tranquilos, ignorad el enlace.
https://www.youtube.com/watch?v=E6Dr_FzouP4


Sin mas que decir os dejo la historia aqui puesta, espero que os guste, un saludo. Esta historia según veo podria decirse que es del tipo "Oscuro"
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Spoiler:
La ascensión de la reina (Parte 1)

Muchos han sido los reinos que he visto caer, muchas han sido las almas corrompidas por el querer y yo desde la podrida profundidad pienso en ella cada segundo.

Cuan bella era, cual grande era su corazón, puro su espíritu y aun así víctima del capricho. Supongo que todo es posible cuando algo tan poderoso corrompe tu mente y eres una mera marioneta de la obsesión.Tratas de esforzarte en conseguir lo que más quieres y te das cuenta, aunque tarde que algo ajeno a ti ha tomado el control.

Años pasados un gran reino se alzaba al suroeste de Equestria, gobernado por una reina hermosa. El cielo de su crin, el frondoso verde de sus ojos….arrebatadores. Un calor agradable se desprendía de ella. Contemplar el blanco de su pelo y el suave tono de sus alas y su cuerno. Pero por mucha belleza que una musa puede tener en su interior podría no estar el amor que un semental buscara.
La reina humilde amaba con locura al legítimo rey, pero él había depositado sus ojos en otra yegua, cuyo corazón y hermosura había captado el interés del monarca.

La reina aunque ignorante un tiempo logró saber finalmente de la relación del rey con aquella dama, hija de un reconocido duque. La envidia empezó a corroer a la reina y presa del miedo a perder a su preciado rey, decidió hacer lo que fuera necesario y mantenerle con ella.
A pesar de estar dotada de gracia y belleza, la reina quiso sobrepasar sus límites. Con la ayuda de su consejero logró acceder a los archivos secretos del castillo. Sin rumbo deambuló en busca de una solución entre las viejas hojas de los tomos antiguos que durante siglos han permanecido entre los muros del castillo. Aun no siendo diestra en las artes mágicas la reina cada noche bajo la luz de su farol leía los libros con hechizos y métodos para conseguir su objetivo: obtener el poder y la belleza necesaria para agarrar el pálpito de su gobernante.

Descubrió conjuros de sanación, poderosos hechizos, métodos naturales que aumentaban la belleza corporal e incluso prácticas prohibidas con el veneno que mantenían efectos milagrosos en el cuerpo.

Pero con el paso de los días la reina dudaba de sus acciones, pero ese bloqueo se desvanecía con cada noche cuando notaba el frio distanciamiento del rey, como con cada amanecer su amor, que aunque falso, ahora era como un puñal clavado en el pecho. Su guardia personal y muchos de los amados súbditos que adoraban a la reina le habían hecho saber cómo el monarca visitaba a la dichosa hija del duque cada mañana cuando o bien la amada reina yacía dormida o bien se quedaba tranquila cuando su rey le mentía al decirle que iría a dar un paseo matinal por las afueras o ir al mercado por interesarse por sus súbditos.
La confianza que la ocupante del trono tenía en su ideal, paulatinamente se convirtió en rechazo y resentimiento. Otra razón más para impulsarse a indagar en los antiguos libros de su reino solo que el sentimiento de anhelar al rey se tornaba más en odio hacia él y hacia la fulana que para ella había robado lo que ella más deseaba.

Días más tarde llegó a la práctica: Su cuerno brillaba con verde intenso y ejecutaba los hechizos que había memorizado. Ordenaba a sus más confiados servidores que buscaran los ingredientes que ella necesitaba sin el conocimiento del monarca. Preparaba sus pócimas, sus inscripciones y efectivamente los efectos eran milagrosos, su piel se volvía mas sedosa, su pelaje más brillante y suave, sus ojos adquirían un color más atractivo…

Ahora su belleza resaltaba aún más. Contenta de sus resultados, esperaba que el rey pudiera corresponderle como debía y así reprimirle por lo que había hecho. No obstante antes de comprobar sus gloriosos hechos su consejero, quien fue por siempre el más fiel le advirtió una cosa:

“Majestad…siento deciros que por mucha belleza que poseáis, es probable que…no halléis el amor que buscáis.”

La reina le pregunto por lo que ella consideró una estupidez.

“¿Que amor puede haber en una relación cuya única importancia es la belleza? El rey no os merece su alteza…”

“Puede ser, pero estoy segura mi leal consejero de que de esta forma el rey volverá a amarme, lo único que me faltaba era la belleza…”

Ella se dirigió a los aposentos del rey tajante y en la soledad el consejero susurró:

“¿Cómo va a ser belleza lo que os falta si sois la criatura más hermosa del reino y más allá?”

Pero a pesar de ello, el rey no le hizo caso…recibió algún otro beso y halago. Pero no lo que ella buscaba en su amado: amor…
Pasaron aún más días en los que el rey salía al encuentro de su amante. La reina cayó con el tiempo presa de una obsesión por lograr captar la atención del unicornio monarca. Pasaba horas leyendo los libros, pasando hojas y asimilando información y magia. Aun así su guardia personal y aquellos que la querían la apoyaban con su plan, el consejero en cambio no estaba de acuerdo. Veía que al cabo casi de un mes la salud de la reina menguaba a cambio de que su poder y belleza gracias a los hechizos y remedios de tierras extrañas aumentaban.

Una noche su dama de compañía vio que su aspecto había cambiado…vio que el cuerno de la reina se había retorcido ligeramente de forma extraña y sus alas perdían algunas plumas…Esta aviso al consejero, quien inquieto ante la situación habló con ella.

“Majestad… ¿debéis continuar con esto?”

Ella respondió de forma agresiva.

“Hasta que no consiga lo que deseo, haré lo que este en mi casco…y nada me detendrá”

El consejero vestido en sus ropas elegantes tembló al notar algo oscuro en la voz de la reina.

“¿Majestad…yo…yo…que os ocurre?”

La alicornio de blanco pelaje sonrió…

“Oh, perdóname… Wise advice, pensaba en voz alta. No pretendía asustarte”

Testigo de cómo la locura se apoderaba de su reina, él y pocos más que permanecían intranquilos fueron a ver al rey.
Le explicaron la situación…El gobernante ya había sospechado de la obsesión de la reina, pero confesó que sentía miedo a cuál sería la posible reacción si la rechazaba. Resultó que no la quería después de todo. Solo fue atraído por ella debido a su aspecto…su corazón y alma no estaba en los planes del rey.
¿Pero qué sería de ella entonces? ¿Qué ocurriría si el rey confiesa que después de todo ha sido un objeto, una equivocación?

El monarca se sentía fatal…había cometido un error, por culpa de su absurdo miedo y su capricho a otra poni ahora resultaba que la reina, nacida de familia pobre iba a sufrir aún más de la locura cuando supiera de los auténticos sentimientos del rey.
El pueblo que pensaba que estaba gravemente enferma, al igual que muchos sirvientes y guardias del castillo, les apenaba verla así…encerrada en sus pensamientos por conseguir algo que jamás llegaría a alcanzar: el amor del rey.

La misma noche que los sirvientes advirtieron a su feudal, este intentó hablar con su esposa. Sin duda ella había cambiado su aspecto. Era como otra forma de belleza, algo más…oscuro.

Le confesó todo: su interés por la hija del duque, el error que había cometido…su miedo y su tremendo crimen contra ella…

“¿Entonces…es cierto? ¿No…no me amáis? ¿A pesar de mi esfuerzo…?”

El tan solo negó con la cabeza y en su alteza, la reina, comenzó a surgir en su mente un brote conflictivo de sentimientos y pensamientos. Miedo…Tristeza…rechazo… Muchas más cosas, pero al final guiada por lo absurdo y el instinto lo que realmente afloró en ella fue la ira y el odio.
Empleó la magia que había logrado obtener para desahogarse con el rey…lo levitó con sus poderes y lo estrelló contra las paredes. Le quemó con un trazo intenso de su magia de verde vivo y lo hirió con su rayo emanate de su cuerno.

Los gritos de auxilio del rey alertaron a los guardias de su majestad. Trataron de detenerla, encadenarla…pero la furia de la alicornio era temible y logró causar muchos daños, pero terminó apresada y con su magia anulada. El monarca al que tanto había deseado ahora estaba desfigurado, herido y enfadado.

Ordenó de inmediato su exilio y vio así una oportunidad perfecta para deshacerse de ella y poder casarse y nombrar reina a su amante. No obstante la guardia personal de la soberana y sus más leales súbditos se impusieron contra aquella crueldad. El exilio suponía la muerte… ¿quién sobreviviría más allá en las tierras baldías?

Pero por otro lado tenía en cierto modo razón…ella podría haberle matado, pero creyeron que tan solo quería darle una lección, no podían ver a su querida majestad capaz de semejante acto. Además de que el rey después de todo aunque con buenas intenciones solo quería satisfacer su deseo de expulsarla y casarse con otra poni.

En seguido, sus leales seguidores continuaron coherentes al corazón de la reina y por orden legítima de su majestad fueron exiliados junto con ella. Para que no escapara lanzaron un conjuro de anulación al cuerno de la alicornio de pelaje turquesa.
Como era lógico se resistieron al igual que su bella alteza, pero fue en vano.

El pueblo no hizo nada…de hecho, según sé les hizo creer, la reina había muerto, cuando en secreto ella y su guardia, junto con algunos servidores más fueron enviados lejos….muy lejos hacia el sur, cerca del Desierto San Palomino, en unas tierras secas, marchitas y oscuras.

Fueron arrojados a las fauces del abismo en una gran grieta. Allí permanecieron horas sin agua ni alimento. Dejados a su suerte… Pero ese pequeño tiempo fue suficiente para que los sentimientos de la reina se organizaran y su odio empoderó su magia…tanto que al final su conjuro de anulación fue quebrado al fin.

Ayudó a los suyos a escapar…entre ellos se encontraba su leal consejero que a pesar de su miedo por cómo se había transformado la reina, él le entrego algo muy preciado que el exilio no podía quitarle…su corona. Todos se arrodillaron y recordaron cual buena fue la voluntad de la reina y el juramento que habían hecho de servirla incluso en la enfermedad.

Ella vio todo el cariño y lealtad de sus súbditos que fueron un par de decenas al menos y juntos la siguieron. Lograron salir del abismo. Trataron de buscar agua y comida…anduvieron durante mucho hasta que encontraron una montaña…y en ella…una cueva. Dentro de ese lugar fluían aguas puras y salían hermosas plantas y jugosos aperitivos de entorno oscuro.

El consejero ofreció una de las hermosas flores a la reina, quien durante el exilio había permanecido callada y fría. Pensando…en todo lo que le había pasado. En su mente rondaba la pregunta: ¿Tanto es pedir que me den lo que quiero? Pero de pronto miró el regalo de su sirviente tan fiel y sonrió por una vez…pero fue más bien fingido.

La cueva se extendía aún más hacia las profundidades y curiosa la reina descendió sin que nadie la viera hacia la profunda oscuridad. Una oscuridad en la que crecía una vegetación extravagante, donde el silencio reinaba y la luz solo es una mera ilusión. Usó su cuerno para alumbrar y guiarse. Hasta que encontró a alguien.

“Por favor…apagad esa luz. La desprecio…”

“¿Quién anda ahí?” inquirió mirando a todos lados

“No portéis luz, hermosa criatura…sino no puedo mostrarme”

Apagó la luz de su cuerno y en un atisbo de claridad vio a un extraño ser sentado en una vieja silla de madera. Oculto en ropajes de negro color y con un rostro tapado por una máscara de plata y ojos tallados pidió a su majestad que se acercara a él.

“Gracias…veo vuestro porte real y sois una criatura de lo más agraciada”

Ella se sintió halagada, a pesar de los cambios inesperados. Pero el misterioso personaje continuó hablando.

“Pero en vuestro corazón veo tinieblas…veo anhelo y deseo. Rabia y rechazo… ¿Qué es lo que buscáis?”

Ella le contó a pesar de su desconfianza lo que había vivido.

“Vaya…Es una lástima. Como un alma tan pura y radiante ha podido sufrir tanto…”

Su alteza vio que las manos de esa criatura eran como ramas retorcidas de un árbol llenas de espinas. Preguntó por su nombre…

“Aquellos que vivimos bajo las sombras no deseamos tener nombre.”

Ella asintió con dificultad

“Veo a través de vuestros ojos esmeralda que ansiáis amar y ser amada. Venganza. Placer… Tenéis el cariño de vuestros súbditos, su lealtad…pero no es suficiente.”

La reina bajo la cabeza con sus ojos entrecerrados con su mirada embebida en resentimiento…

“Os digo ya…que se de algo que puede ayudaros. Vos criatura de hermosos cabellos debéis viajar más allá de esta montaña al sudeste, donde un bosque se extiende y en él una gran torre se alza. Antiguos dominios hechiceros y una gran bruja...Syrami, la celosa.”

Su alteza se extrañó. No reconoció ese nombre.

“Vos que queréis cumplir vuestro deseo de amor y venganza. Vos que buscáis que aquellos que os han seguido consigan del fruto de vuestro esfuerzo, debéis buscar respuestas al lugar que os he indicado. Os digo que…puede que el amor no cure el deseo de vuestro corazón.”

De pronto ante los ojos de su majestad el misterioso ser desapareció en el vacío y ella volvió a la luz y con su gente emprendieron ya curados de su hambre y sed el viaje hacia la torre de la llamada “celosa”.


Una vez mas espero que haya sido de vuestro agrado. Cualquier cosa: critica, apunte, consejo, opinion, sugerencia...lo que sea, será bienvenida. Un saludo :)
Última edición por Angelus-Y el 07 Sep 2014, 01:36, editado 5 veces en total
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Re: La ascensión de la reina (Primera parte)

Notapor Sr_Atomo » 08 Jun 2014, 17:20

Me ha gustado mucho, pero mucho mucho. Sigue así, Angelus. Me alegra saber que has vuelto a escribir, y con una gran historia por delante.

Te mereces un gran brohoof, pero uno grupal, de esos que calientan el cuerpo, y sobre todo el corazón.
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Échale un vistazo a mi fanfic "Parallel Stories" y opina.
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Re: La ascensión de la reina (Primera parte)

Notapor horwaith » 08 Jun 2014, 17:54

genial historia, casi se ve quien es esa reina por el escrito
Sr_Atomo escribió en 08 Jun 2014, 17:20:Me ha gustado mucho, pero mucho mucho. Sigue así, Angelus. Me alegra saber que has vuelto a escribir, y con una gran historia por delante.

Te mereces un gran brohoof, pero uno grupal, de esos que calientan el cuerpo, y sobre todo el corazón.


ciertamente, lo ha hecho muy bien
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Re: La ascensión de la reina (Primera parte)

Notapor Volgrand » 08 Jun 2014, 22:37

Un fic impactante desde la primera frase. Me ha encantado.

Spoiler:
Sí que he visto bastante detalle en cuanto a puntuación, sobre todo falta de comas. Por ejemplo:

Muchos han sido los reinos que he visto caer, muchas han sido las almas corrompidas por el querer. Y yo, desde la podrida profundidad, pienso en ella cada segundo.

Cuan bella era, cual grande era su corazón, puro su espíritu y aun así víctima del capricho. Supongo que todo es posible cuando algo tan poderoso corrompe tu mente y eres una mera marioneta de la obsesión.Tratas de esforzarte en conseguir lo que más quieres y te das cuenta, aunque tarde, de que algo ajeno a ti ha tomado el control.


Pero obviando estas cosas, una historia bonita y muy bien narrada. Sigue en ello que quiero leer más
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Re: La ascensión de la reina (Segunda parte)

Notapor Angelus-Y » 27 Jun 2014, 22:43

Buenas noches. Aqui traigo la segunda parte de este fic. Agradezco enormemente las criticas y comentarios que habeis puesto, me han servido de mucho. Dado que aun estoy en epoca de examenes, digamos ya tardare un poco mas en sacar la siguiente parte. Espero que no suponga ningun problema.

En fin, aqui os voy a dejar la segunda parte. Quizas no sea tan envolvente como la primera, quien sabe, espero que haya logrado captar vuestra atención. Toda critica, sugerencia, ayuda, comentario...lo que sea sera bien recibido como ya dije anteriormente.

Nuevamente muchas gracias por los comentarios, me alegra saber que os está gustando. No os corteis si teneis que ser sinceros.

Aqui dejare un video de banda sonora como en la primera parte. Mismo sistema, si os gusta escuchar algo mientras leeis podeis poner el enlace, u otro que prefirais, en caso de que que opteis por leer tranquilos y en silencio, omitir el enlace. (No soy bueno escogiendo, pero es la que escuchaba en parte del escrito)

https://www.youtube.com/watch?v=bpI-KeK-PQg

Spoiler:
La ascensión de la reina (Parte 2): Deseo compartido.

Su majestad, la reina y sus más leales seguidores emprendieron su marcha hacia el bosque. Que debía extenderse más allá de la montaña y las tierras baldías.
Fueron un par de días arduos y de gran cansancio. Afortunadamente la sed no fue un problema en este tiempo. No se podía decir lo mismo del hambre. Todos los exiliados, la reina incluida se sentían famélicos. Cada vez con menos ahínco de continuar. Pero algo les animó.

A la lejanía se extendía un bosque frondoso y de vivo verde. ¿Sería el bosque donde la hermosa monarca esperaba encontrar la torre? Era lo más probable, dadas las indicaciones del morador oscuro.

La reina sintió un profundo alivio. Una boca risueña se reveló en ella al comprobar que nada más entrar en el bosque había un montón de comida y agua fresca. Proveniente de fuentes y ríos que fluían a través de la gran espesura. Ella sentía un gran calor al ver a sus súbditos ser saciados con las frescas hojas de los árboles y el manantial de agua pura.

Tuvieron tiempo de charlar entre ellos en sus paradas, pero la reina era la única inquieta. Pensaba en todo lo que le había ocurrido. Tuvo tiempo de reorganizar sus sentimientos. ¿Qué es lo que buscaba ella? ¿Cuál era el deseo que rugía en su corazón? Venganza, amor…Amor ya tenía, el de sus súbditos, pero ella era exigente y le faltaba siempre lo mismo: No un amor basado en la lealtad, sino uno que nace del deseo y la locura. Ese amor que el monarca no pudo darle. Aquel que tan solo despertó tristeza y odio en su interior. De ahí ese sentimiento de venganza…

Tantas cosas…Ella miraba el cielo azul, entre las ramas y las hojas, tratando de aclarar lo primordial, lo que realmente le había dado fuerzas para seguir. El sino que le aguardaba.

Wise Advice la miraba con ojos de preocupación y cariño, mientras ella perdía su mirada en el cielo. Se levantó y se apartó del grupo para dirigirle la palabra:
“Majestad… ¿acaso hay algo que os atormenta?” le preguntó sonriente. Pero la reina le miró fría.

“Oh Wise, siempre con esa empatía…” sus ojos verdosos brillaban en el resplandor del día. “No te preocupes, son meros pensamientos sin importancia” volvió a tornar su mirada hacia arriba, suspirando.

“Oh…bueno majestad, ya sabéis que si necesitáis algo…” Wise que siempre era molesto y tímido, ahora se sintió incómodo. Hasta que la reina le devolvió una sonrisa e inclinó ligeramente su cabeza. Esto sacó una sonrisa en el consejero que devolvió sus respetos.

Los súbditos miraban de vez en cuando a su líder. Tan radiante ella con su cuerno aun ligeramente retorcido pero pulido. Su pelaje suave y blanco, sus pestañas elegantes y su figura tan atractiva. Esa crin azul turquesa…

Wise se decía asimismo: “¿Qué pudo ver el rey en aquella hija de duque?” Él sabía que cada poni tiene ojos para alguien, pero también existen tesoros que son brillantes para todos.

La noche cayó y todos durmieron profundamente, salvo la alicornio. Ella bajo la luz de la luna, esperando que todos hubieran visitado a la princesa de la noche, emprendió el vuelo sobre las copas de los árboles, bajo el manto de estrellas. Voló sin alejarse mucho del grupo, pues le intranquilizaba que algo pudiera sucederles.

No le hizo falta vagar mucho para encontrar lo que buscaba…Parando en seco en el aire, aleteando suavemente y estática descubrió entre la oscuridad de la noche, una fortaleza manchada en tinieblas que se alzaba en el horizonte. Una torre inmensa, tan alta que sobrepasaba las nubes. Rodeada de humaredas de origen extraño y de un aire imponente.

“Agghh…”

Un dolor de cabeza invadía a la reina de repente. Por alguna razón empezó a escuchar algo…voces extrañas…

“¿Sois vos, la marioneta que se convertirá en heredera?”

Se agarró la cabeza con sus cascos y preguntó:

“¿Quién habla?”

“¿Crees que puedes conseguir lo que quieres? No eres nada…nadie me quita lo que es mío…asquerosa presumida.”

La voz cesó, y con ello, la reina se tranquilizó. ¿Qué simbolizaban esas palabras y que sentido tenían? Pero más importante… ¿Que las causaban?
Ella sabía con certeza que esa edificación en la oscuridad, era la torre de Syrami, la celosa. ¿Pero que había en ella que pudiera ayudarla a cumplir su “cometido”?


La noche se volvía fría en aquel momento, y no había dudas que se pudieran resolver. Volvió con su grupo, satisfecha de saber el rumbo que debían tomar, aunque les costara unos días más.

Conciliar el sueño no fue fácil, más aún cuando un sentimiento de nostalgia y anhelo invadió a la reina. Aquellos tiempos en palacio. Tiempos cuando ingenua creía en el amor de su rey y en la justicia de su reino.

La noche transcurrió tranquila. Al alba, fue el sonido de las aves las que despertaron a la reina y el resto de sus seguidores. Se incorporaron y continuaron su viaje sin apenas ningún problema. Los pegasos y unicornios ex miembros de la guardia permanecían alerta en todo momento para proteger a su querida alicornio. Era increíble como la flora y la fauna variaba enormemente conforme más profundo se adentraban.

Al atardecer alcanzaron un sector diferente del bosque. Unas murallas enormes de oscura fachada bloqueaban el camino. Estaban en gran medida perforadas por unas raíces gruesas y retorcidas que al rato de observarlas parecían moverse lentamente. Esto fue de inquietud por supuesto, pero no iba a ser un obstáculo. Afortunadamente había más pegasos que otro tipo de raza, por lo que, los que carecían de alas se montaron sobre sus alados compañeros y juntos atravesaron los muros hacia el otro lado, pero no sabían que había tras esa fortificación.

Cuando aterrizaron, el bosque había cambiado completamente. La tierra era mucho más pantanosa. Los arboles estaban cubiertos de mugre y un líquido extraño impregnado. El aire era costoso de respirar, como sucio, impuro…

Varios integrantes del grupo comenzaron a toser descontroladamente. No solo eso…algunos afirmaban padecer agudos dolores de cabeza o a sentirse mareados. Incluso confesaban sentir ganas de devolver y de dormir.

“Salgamos de aquí” imperó la reina. Intranquila ante las inminentes quejas de los suyos. Salieron de nuevo al otro lado de las murallas, a salvo del nocivo ambiente que reinaba allí. Seguros en el aire puro y fresco.

Ella, con gesto y mirada angustiada trató de examinar a los que sufrieron secuelas. Por suerte, en su obsesión de adquirir mayor belleza, logró aprender hechizos sanadores, que aunque simples y poco efectivos, seguro aliviaban el dolor y los síntomas.

Su cuerno brilló en esa aura verdosa suave, y transmitió su magia curativa a los más afectados, menguando su malestar. Al final, sí que sirvió plantar los ojos en aquellos polvorientos textos.

“¿Qué hacemos ahora majestad?”

La reina dubitativa pidió consejo a Wise. Pero este poni de tierra no supo contestarle, tan solo sugirió:
“¿Por qué no rodeamos la muralla? Tal vez encontremos algo, ayuda quizás…”

Tal sugerencia no complació a la real figura, pero… ¿Qué más podían hacer? Uno de los pegasos sugirió volar hasta la torre, pero igualmente se verían expuestos al ambiente toxico y quien sabe qué pasaría si tuvieran que atravesar las densas humaredas que invadían los alrededores de la fortaleza. Por lo que al final se cedió a la opción de Wise.

Investigaron cerca de los muros que separaban la enfermedad, del bosque. Lo cual era curioso… ¿Cómo era que el aire y la ponzoña no traspasaba los muros? Fue una de las preguntas que asolaban la mente de la reina, y seguro que de algún otro.

Tras decenas de minutos rodeando la muralla, el grupo se topó con algo insólito. La reina, quien iba al frente divisó a una extraña criatura sentada y apoyada en el muro, con alguna de esas raíces atravesando las paredes. Aquel individuo era una criatura bípeda y cubierta en armadura. Un casco de hierro, con mascara del mismo material incluida cubría su cabeza ovalada. Una cota de malla con telas sucias y viejas le cubría el resto del cuerpo, acompañado de sus guanteletes y polainas de acero oxidado. Aquella criatura pensaba.

“Hmmmm…mmmmm…mmm”

La reina se volvió a sus súbditos un instante.

“Quedaos aquí un momento”

“Pero majestad…” intentaron detenerla.

“No os preocupéis, quedaos un momento y estad atentos” les indicó con su voz cautivadora.

Se acercó cautelosamente al extraño, pronto se fijó de que a su espalda lleva un hacha enorme de doble filo y un escudo con un emblema desconocido para el conocimiento de la poni. Ella llamó su atención de forma educada. Costó un poco, pero aquel patas largas salió de su pensar.

“¿Mmm?” Repentinamente el caballero se levantó bruscamente y se colocó erguido a dos patas frente a su majestad. Era ligeramente más alto que la reina y sus ojos marrones que se ocultaban tras la máscara férrea estaban asombrados.

“¿Qué clase de criatura majestuosa tengo ante mis ojos?”

La reina se sintió halagada y mostró sus respetos al extraño. Aunque extrañada acerca de que criatura se trataba.

“Soy una alicornio. Vengo de tierras lejanas. Me preguntaba a que se debía vuestra presencia aquí.”

“Una alicornio…pensaba que talantes criaturas eran cosa de cuentos y leyendas…” El extraño de pronto se quedó un tanto apenado. “A ella le habría encantado…”

La gobernante se extrañó. El tan solo tosió a modo de recobrar el rumbo de la conversación. Se le notaba fascinado.

“Mi presencia aquí no tiene otro fin que la oscuridad me temo. Busco saciar mi sed…” Y giró su mirada hacia los muros.

“¿Vuestra sed decís?” La reina mantuvo su porte real ante las dudas.

“Tras estos muros reside un monstruo…una criatura a la cual ansío destruir con toda mi alma. No sé si vos, poni de cuento de hadas, conocéis sentimientos como el odio y la venganza.”

“Es lamentable decir que sí.” Bajó su mirada apenada.

“Mmm…No me he presentado. Mi nombre Craig, ex caballero de Milias, vieja tierra de occidente. Más allá del océano.”

“Una tierra lejana…veo que ambos no procedemos de estos bosques” añadió su alteza. “Permitid mi atrevimiento, pero… ¿Qué clase de criatura sois?”

El caballero soltó una pequeña risa entre dientes. “No os preocupéis, ningún poni que no haya salido antes de su amada tierra puede saber lo que soy. Soy un humano…de los pocos a mi parecer que pueden quedar cuerdos por todas las tierras que se expanden.”

“Humano…Pensaba que era cosa de fantasía” confesó ella. El humano volvió a reír.

“Si, no somos muy…populares. ¿Mmm?” Craig apartó la mirada y divisó a los ponis que seguían a la alicornio de crin turquesa. “Veo que no estáis sola… ¿Cuántos sois? ¿Qué buscáis aquí?”

La reina que comenzó hablando con educación explico su penosa situación al guerrero. Aunque obvió el detalle de que alguien le había dicho de venir aquí. No lo encontró pertinente.

“Así que queréis llegar a la torre de la celosa.” De pronto dio un brinco de alegría y abrazo enérgicamente a la alicornio. Todos se sobresaltaron ante tal explosión de efusividad. “La fortuna me sonríe majestad. El destino ha escuchado mi petición. ¡JAJAJA! Por favor venid todos conmigo jóvenes ponis, os lo explicare todo” Con viveza cogió su equipo y guio al grupo de nuevo al profundo bosque. Les explicó la razón de su estar en la muralla.

“Hace mucho tiempo fui servidor de un sabio rey. Éramos un reino orgulloso. Pero las continuas guerras y asaltos hicieron de nuestro hogar un peligro inminente, a pesar de que prevalecíamos. Hasta que un día, una horrible horda de wyverns de escamas azules y aliento encantado por el rayo, acabó con nuestro reino. Luchamos hasta nuestro último aliento, pero no pudimos hacer nada contra esas bestias. Cada lanza de hierro y flecha de acero que impactaba en su cuerpo, no era más que una gota de agua para tal coraza. Sin embargo hubo varios supervivientes. Yo y mi familia incluidos. Pero no sabíamos que hacer. Todo era ruina y pesar…por lo que algunos decidimos dejar las tierras hostiles y buscar un nuevo hogar…”

“¿Y vinisteis aquí?” Interrumpió la reina.

“Así es…Mi esposa, mi hija y algunos más vinimos a estos bosques y establecimos un poblado cerca de aquí. Logramos convivir con los arphoreos…”
“Permitid que interrumpa joven caballero…” excusó Wise “¿Pero que son los Arphoreos?”

“Seres nacientes de este bosque…criaturas arbóreas con brazos y piernas talladas en ramas. Flores y hojas abundando por su cuerpo. Seres de corazón bondadoso en su mayoría, que eran entregados al espíritu del bosque.
Aunque al principio nos tenían miedo, al final logramos convivir en unión con ellos. Sus tradiciones eran dignas de aclamar, al igual que su magia. Magia basada en la sanación, la naturaleza, el crecimiento…Era algo fascinante.
Pero resultó que entre los arphoreos, había un clan exiliado que había osado practicar la magia negra. Magia derivada en el veneno, la enfermedad y la muerte…por no mencionar parasitismo. Estos arphoreos eran más feos que un troll: Eran raquíticos, oscuros…repletos de espinas y de mirada siniestra.
Pues entre esos arphoreos exiliados se encontraba el monstruo que da nombre a la torre que ansiáis llegar. Syrami…conocida por sus víctimas como, la celosa…”

Esto atrajo más la atención de la monarca.

“¿Que podéis decirme de la celosa?”

“Solo sé que es un monstruo, una arphorea espantosa que ahora es una mezcla extraña. Es una quimera entre insecto y árbol…algo insólito y espantoso. Surgió de la nada entre la ponzoña y podredumbre del clan exiliado. Se alimenta de lo que es puro. Acabó con los suyos y con los arphoreos de bosque sano. Y con los míos también…”

Craig se paró en seco en medio de la espesura, provocando el parón de todo el grupo. La reina le miró extrañada. Apretó sus puños de hierro con fuerza. Le temblaba el cuerpo y su respiración se aceleraba. Dejo escapar un pequeño llanto… y miró al cielo.

“Esa cosa…se llevó a mi esposa…y a mi preciosa hija. Y yo…y yo…”

La reina se acercó a él y trató de apoyarle.

“Relajaos joven guerrero, no lloréis así.”

Se alejó de ella un poco, andando con pena.

“¿Sabéis que es ver como lo que más quieres se desvanece ante tus ojos? Como sientes esa impotencia de no poder evitar que te arrebaten lo que más ansías, lo que cada día te da el motivo de existir…y ves…y ves como sufren. Sufren y mueren. ¿Sabéis esa sensación? Ojala que no.”

Pero por mala fortuna, la reina si sintió algo similar. ¿Perder lo que más quieres sin poder hacer nada? Emplear todos tus esfuerzos en vano…No era igual pero si similar. Ella sintió un punzón. Parecido al que el humano estaba tratando de evitar ser doblegado.

“Syrami asesinó a todos…Sin razón alguna…Cogió a mi amada y a mi retoño y les hizo sufrir hasta la muerte más cruel, al igual que mis amigos…mientras yo, agarrado sin poder hacer nada contemplaba ese dolor y una profunda oscuridad se retorció en mi… Lo peor de todo es que ella se divertía. Me dejó vivo, junto con pocos más, que ahora han partido.”

La ira tomó posesión en Craig y firmemente declaró:
“Esa cosa cambió mi razón de existir…De motivarme con la sonrisa de mi hija y el cariño de mi esposa…He pasado a impulsarme por ver a ese monstruo sufrir. Sentir la venganza servida y que la oscuridad me abrace…Es triste que mi razón de vivir haya pasado a ser tan apagada pero…no puedo dejar que esto quede así.”

La reina se compadeció de él y colocándose a su lado al igual que otros ponis le dijo:
“Os comprendo…comprendo vuestro deseo. Es más que natural. Seguro que no es odio solamente lo que os mantiene con vida. Sino el deseo de que vuestra familia quede serenada. El anhelo de ese amor y que otros no sufran vuestro destino. Yo no veo que hay de vergüenza de ello…”

El caballero giró su cabeza al bello rostro de la reina.

“Visto así… Tenéis razón”

“Así que también queréis ir a la torre…para saciar vuestra sed de sangre.”

“En efecto. Y dado que vosotros ambicionáis llegar a la torre también, creo que podemos ayudarnos mutuamente.”

La atención de la reina se incrementó.

“¿Qué proponéis humano?”

“Como podéis observar los muros son infranqueables, salvo al vuelo. Pero no sé si lo sabéis, pero más allá de los muros gobierna la corrupción y el veneno. Es un lugar muy peligroso. Son dominios de monstruos y criaturas a las órdenes de Syrami. Yo sé de una forma para quedar aislados del efecto nocivo del veneno.”

La reina y el grupo se habían quedado abstraídos. Craig prosiguió:

“En estos bosques reside una flor cuyos pétalos presentan una magia extraordinaria. Permite a quien toma un extracto de ellos poder permanecer inmune al veneno por cualquier vía. Los arphoreos lo llamaban…Burbuja de salud.”

La reina imperó que continuara.

“Resulta que en mi vieja aldea hay un jardín de esas flores, podría preparar extracto para algunos…Pero me temo que no podría para todos”
La bella alicornio miró a sus súbditos con mirada preocupada. Aunque de repente se le ocurrió algo.

“¿Es vuestra aldea un lugar seguro?”

El caballero asintió.

“Por el momento sí, mientras los muros contengan el veneno y la esencia de Syrami.”

La reina suspiró aliviada.

“Entonces no supondrá un problema”

Wise advirtió las intenciones de su alteza. “¿Majestad, que pensáis?”

La reina se acercó a Wise. Se agachó y le comentó su plan.

“Wise, mi leal consejero. Necesito que te quedes con el grupo a salvo en la aldea de este humano…Quien sabe que peligros afloran más allá de esas murallas…”

El consejero de pelaje beige (beis) se agitó y mostró su desacuerdo.

“¿Cómo podéis decir eso? Supone el mismo peligro para vos que para nosotros alteza. No puedo permitir que hagáis eso”
La reina le sonrió y le tomó el casco.

“Wise, poseo un gran poder mágico, y tendré una escolta…Pero no podemos ir todos. Necesito ir allí. Saber qué es lo que necesito…Por favor.”
El poni de tierra siguió intentando retraerla de su decisión.

“Pero…vos habéis hecho tanto por nosotros… ¿y si os perdemos? Yo al menos no sería capaz de seguir viviendo.”
Craig se aproximó a Wise y al grupo.

“No debéis temer… Protegeré a vuestra reina, al igual que espero que ella me ayude. Conseguiremos llegar allí y volveremos. Os doy mi palabra. Si os sentís mejor puedo deciros que como mucho, dos pueden venir con nosotros.

Dos pegasos se levantaron entre el resto. Dos hermanos gemelos.
“¡Nosotros iremos majestad! ¡Os protegeremos con nuestra vida!” gritaron ambos.

“Está bien. Wise ¿lo harás?”

El leal servidor suspiró amargamente y miró los profundos ojos verdes de su ideal.

“Lo haré”

Ella con orgullo le dijo: “Gracias”

Todos se levantaron y continuaron hasta la aldea. Un lugar desolado y destruido. Las casas abandonadas. La soledad reinaba allí.

“Esto es todo lo queda…” comentó Craig con desolación.

La reina inquirió algo aparte.

“¿Por qué se levantaron esas murallas?”

Craig con aire deprimido le respondió.
“Para evitar que la esencia de los corrompidos llegara al resto del bosque. El veneno y la muerte se expandían implacablemente. Los arphoreos y los que quedamos de nosotros levantamos unos muros con un conjuro inscrito. Un conjuro que impidiera que la magia de los exiliados contaminara lo que había más allá.”

La bella alicornio comprendió ahora. La noche estaba llegando. Craig fue a por las flores y preparó extracto del mismo con sus manos. El resto del grupo fue a parar a la morada de su anfitrión. Era la casa menos afectada, aunque con el techo abierto, era acogedora. Todo hecho de madera pulida con toques decorativos. Todos se sintieron aliviados de poder descansar bajo la luz lunar.

Craig llegó. Abrió el portón de su casa y miró a todos los ponis: unicornios, pegasos y ponis de tierra, descansado sobre el suelo de madera de su viejo hogar. La reina se hallaba en pie, pensativa. El humano se aproximó a ella.

“¿Os cuesta conciliar el sueño, majestad?”

La reina asintió con elegancia. El humano continuó…
“Me he dado cuenta de que les tenéis mucho cariño. Dada vuestra historia, deben suponer algo muy especial para vos”
La reina tan solo sonrió. Guardó silencio.

“Una lealtad tan poderosa es la que forja grandes reinos. Reinos que perduran. Los súbditos no siguen a sus gobernantes por nada. Los siguen porque en ellos ven la luz y la esperanza en ellos…razones para mantenerse a su lado.”

“¿De verdad lo creéis?”

El caballero asintió con seguridad. Cogió uno de los taburetes y se sentó delante de la mesa. Se desprendió de su casco y su máscara dando a revelar su rostro. La alicornio de complexión delgada no había visto la cara de ningún humano. Era un hombre de cabellos cortos y de tono oscuro. Con barba bien cuidada y una nariz pequeña, sus cejas pobladas yacían sobre sus ojos marrones.

“Mañana, al alba, partiremos a las murallas. Tomaremos el extracto y pondremos rumbo a la torre. Con vuestra ayuda podré llegar allí.”
Sacó de su alforja de viaje una botella de cristal con un líquido de color cian. El extracto de la flor. La burbuja de la salud. El caballero volvió a hablar:
“Confieso que tengo intriga… ¿Qué buscáis exactamente en la guarida de tan temible monstruo?”

La reina, que suspiró, respondió con desgana.
“No lo sé…solo sé que lo que busco está allí. Algo me lo dice.”

“Así que es simple corazonada e instinto lo que os guía allí. La verdad no he pisado la torre…pero debe haber algo interesante seguro. Esa cosa guarda con celo en la torre todo lo que posee.”

“Quizás sea algo que tiene…algo que necesito de ella. Puede ser eso, quien sabe. Al menos vos tenéis claro vuestro propósito.”
Craig rio entre dientes.

“No sé si eso me sirve de mucho joven alteza.”

El guerrero se sumergió en sus recuerdos y dio a la reina de ellos.
“¿Sabíais que mi pequeña deseaba ver un poni?”

“¿Eh?”

“Si, decía que ojala pudiera ver una alicornio con sus propios ojos. Cada noche, mi mujer le contaba un cuento. Un cuento de hadas, donde extraordinarias criaturas como vos daban ejemplo y llegaban a un final feliz. Ella disfrutaba con esas cosas. Me dijo que deseaba poder ver a un poni, tocarlo y ser su amiga. Je…”

Las lágrimas cayeron por su cara, pero las limpió rápidamente y salió de su nostalgia.

“En fin…será mejor que me vaya a dormir. Y no os preocupéis, no hay ningún peligro del que temer. Podéis conciliar el sueño debidamente.”
Y con estas palabras Craig se fue a una esquina y se posó en su vieja cama, dejando que el sueño le embriagara.

Su majestad, radiante bajo el brillo lunar y con tristeza dejo soltar una lagrima por su inmaculado rostro, cansado, sentía cierta pena hacia el humano, sin duda alguna. Pensaba en que le habría gustado conocer a su hija.

Miró a cada uno de sus fieles seguidores, tan despreocupados, durmiendo y velando por seguirla en todo momento. ¿Era ella merecedora de tan férrea lealtad y voluntad?

Cerró sus ojos humedecidos y se dejó caer en la fría madera. Trató de dormir y esperar que el sol asomara por el horizonte. De nuevo le invadió la oscuridad del anhelo, el frio de la venganza y el deseo.
“Y pensar…que todo esto nació por mi obsesión. Y por reclamar lo que era mío”
Última edición por Angelus-Y el 29 Jun 2014, 13:56, editado 1 vez en total
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Re: La ascensión de la reina (Segunda parte disponible)

Notapor MoisesR » 28 Jun 2014, 22:59

Estupendo fanfic tienes aquí amigo. Una historia que no podre dejar de leer hasta que llegue a su fin. Espero la continuación cuando puedas :)
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Re: La ascensión de la reina (Segunda parte disponible)

Notapor Sr_Atomo » 29 Jun 2014, 13:41

Me ha gustado muchísimo. Es muy pero que muy interesante. Sigue así, Angelus-Y.

Postdata: El color es "beige".
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Échale un vistazo a mi fanfic "Parallel Stories" y opina.
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Re: La ascensión de la reina (Tercera parte)

Notapor Angelus-Y » 05 Ago 2014, 23:46

Saludos. Siento muchisimo el retraso, aqui traigo la siguiente parte del fic. Me alegro mucho de que os haya gustado y espero mantener el ritmo, pero debo atender asuntos muy importantes y por esa razón estoy tardando mas en sacar los episodios, pero pronto se relajara el asunto.

Aqui os dejo el capitulo numero 3 que espero sea de vuestro agrado. Me gustaria que me dijerais que os gusta y que no, ademas de vuestra opinion que es muy importante para mi. Ansio que os sea placentera la lectura.
Si deseais tener un poco de musica, aqui os dejo la banda sonora que empleé. En caso de que os guste leer en silencio, ignorad los enlaces que ire poniendo. Espero que no supongan ninguna molestia y que una vez mas reitero que espero disfruteis de una tranquila lectura.


Spoiler:
La Ascensión de la reina. Capitulo 3: El sendero al deseo.

https://www.youtube.com/watch?v=v2qOllkxwiw

Tras un profundo sueño, los radiantes ojos de la reina se abrieron ante la primera luz del día, que penetraba a través de las viejas ventanas. Irguió sus orejas ante un continuo sonido metálico en el exterior.

Adormecida aún de forma leve, se levantó lentamente y se desperezó con delicadeza. A un lado suyo, muchos de los suyos aún eran arropados por el sueño, mientras que otros se encontraban fuera, alimentándose de la vegetación del agreste bosque. Ella sonreía ante el día que relucía en fuera de la vieja casa.
Salió fuera, y en un tocón próximo a la salida, rodeado de las ruinas de los hogares abandonados, se encontraba su reciente aliado: Craig, el caballero de la antigua Milias. Quien se hallaba afilando su enorme hacha de doble filo con una piedra.

Se aproximó hasta el con andar constante hasta que este se enteró de su presencia.

—Oh, jaja. Majestad. Habéis despertado. ¿Ha dormido bien la flor de tierras lejanas? —rió al final oculto bajo su máscara de hierro.

—Así es —inclinó su cabeza con respeto. — Me halagáis con vuestras palabras. Decidme, guerrero de Milias… ¿será hoy cuando partamos a la torre?

El caballero asintió. Pasó su dedo por el filo del hacha comprobando su estado y con satisfacción aupó y engancho su arma a su espalda.

—Hoy es el día en que mi hacha quedará empapada por la sangre de esa asesina. Estoy ansioso por partir. Cuando estéis lista alteza. —Declaró el humano mientras partía a las afueras —Tratad de no tardar mucho.

—Descuidad. —respondió la reina.

La bella alicornio se acercó nuevamente a la casa y fue entonces cuando vio que la inmensa mayoría del grupo había despertado. Entre ellos Wise Advice, quien al percibir la presencia de su feudal, se cerró a ella.

—Deduzco que ya partís, su majestad. — dijo el poni beis.

—Así es, Wise. ¿Y mi escolta? —inquirió la gobernante.

—Ambos se encuentran detrás preparándose. Deben estar a punto de terminar…Emmm. —Wise se cortó un poco cuando de pronto detrás suya, entre sus cascos, sacó un collar. Un accesorio de color plateado con una gema turquesa colgante. La reina se quedó absorta. — Esto…alteza, lo hemos hecho nosotros. —Todos los ponis de alrededor miraban a su líder. —queremos que lo llevéis como amuleto, para que os acordéis en cada momento de nosotros…y que sepáis que estaremos con vos. — el consejero se inclinó ante ella. —Por favor su alteza. Volved a nosotros sana y salva. Os extrañaremos.

La reina cogió el colgante con una mirada tenuemente humedecida, llena de gozo.

—Muchas gracias…Wise, todos… volveré. — una lágrima se desprendió de los ojos esmeraldas de la poni. Fue cuando Wise la paró con su casco.

—No podemos permitir que la flor más radiante de este bosque este triste. Tenemos total confianza en que lograreis encontrar, lo que sea que ansiéis. —Todos se inclinaron ligeramente y se despidieron de la reina, con mirada triste, pero con un sentimiento de esperanza depositados en sí mismos.

En medio de la escena se adentraron los dos pegasos gemelos, miembros de la guardia de su excelencia, quienes serían su escolta, junto con Craig, más allá de las murallas.

—Majestad, estamos listos, cuando vos lo queráis. —dijo uno de ellos.

—Sí, vamos…

—Os protegeremos con nuestra vida majestad. —declararon sendos pegasos tocándose el pecho con sus alas. Ambos tenían un pelaje plateado, con ojos azules y crines blancas.

El sol comenzaba a alzarse por las enormes arboledas y tras una amarga despedida, por parte de la figura real, ella, los dos pegasos y Craig, partieron a las murallas que guardaban en su interior, la torre.

Los sirvientes de la reina se quedaron a salvo en el poblado abandonado, llevando en sus corazones la fe de que volverían. Y sosteniendo sus miradas en ellos hasta perderlos entre el frondoso bosque.

Cuando ellos arribaron a las murallas, el caballero humano, bañado en su cota de malla, empezó a tocar la fachada oscura y maciza. Suspirando. El viento soplaba hacia la torre.

—Al fin…ahora con vuestras alas pasaremos los muros y llegaremos a la guarida de esa bestia. Una vez pasemos, no hay vuelta atrás, solo tenemos una oportunidad. —Aclaró mientras sacaba de sus ropajes el frasco con la esencia de la “burbuja de salud” —Un simple sorbo, jóvenes ponis nos otorgará inmunidad al veneno hasta el anochecer. Si para cuando la luna llegue al cenit, no hemos salido de allí…somos fiambres.

Los ponis asintieron…Craig destapó el frasco y se tomó un pequeño sorbo. A continuación los ponis hicieron lo propio. Un aura mágica envolvió a los viajeros, parecía haber surtido efecto la esencia de la flor.

—Hmmm…mmmm…un poco amargo, jeje. —rió el caballero. —Permitidme preguntar, ¿quién de vosotros podrá sostenerme en el aire?
—Yo lo haré señor. —se ofreció uno de los pegasos.

— ¿Son vuestras alas tan férreas de aguantar mi peso? —inquirió Craig.

—Os lo puedo asegurar — afirmó el otro. —Mi hermano puede levantar diez veces su peso.

—JAJA, que así sea.

Con cautela, el humano se montó sobre el pegaso, cual corcel de batalla. Se ajustó sus manoplas de acero y se agarró al lomo del pegaso.
— ¿Estáis listo caballero? —preguntó la reina.

—Llevo mucho tiempo estando listo, alteza. — remarcó Craig.

Alzaron el vuelo y traspasaron los muros hacia el otro lado. Volando hasta la torre. El poni parecía aguantar bien el peso de Craig. Por una vez, el humano experimentó el vuelo y parecía disfrutar de ello. Aletearon todos hasta el otro lado.

Y más allá se levantaban humaredas toxicas, el aire se volvía denso y columnas de veneno gaseoso se alzaban de la tierra. A los ojos de su excelencia todo el bosque que yacía abajo era raquítico, sucio y seguro peligroso. Una espesa niebla verdosa reinaba en el terreno que rodeaba la torre, la cual en la lejanía se alzaba entre las altas arboledas.

Pronto llegarían ahí, pero algo les sucedió.

De forma repentina, como un rayo, de entre toda la espesura se alzaron enormes zarzas con garras. Con fuerza agarraron las alas de los ponis. Todos quedaron con el iris contraído ante el pavor.

— ¡Santo cielo, que es esto! —exclamó Craig. —Malditas malas hierbas, ¡APARTAD! —Mientras su montura trataba de deshacerse de las garras del bosque, el caballero sacó su hacha de doble filo y empezó a cortar cada una de las zarzas que agarraban a los ponis e intentó deshacerse de ellas, pero cada vez salían más. Con todas sus fuerzas a ambas manos daba un tajo al tronco de las zarzas, pero de vez en cuando debía dar dos golpes para cortar las garras. Cada una que cortaba, daba lugar a un grito de pena y a otras tres garras con espinas que se alzaban para sustituirla.

La reina por su lado trataba de deshacerse de ellas. Pero ella gritaba cada vez que se quitaba a una de en medio, le arrancaba las plumas de cuajo. Su vuelo se dificultaba y cada vez salían más zarzas, algunas la agarraban del cuello y le clavaban sus espinas en su sedosa piel. Sus sirvientes se veían hostigados antes las espinas y sus alas perdían plumas y sangraban de vez en cuando. Craig se veía incapaz de cortar a todas.

La reina empleaba su magia para cortar aquella vegetación salvaje que la lastimaba, pero no servía de nada, pronto aquellas zarzas desgarraban la piel de los viajantes y por mucho esfuerzo que consumieran para derrotarlas, salían más, y más. Una de ellas cogió al humano acorazado del cuello y lo lanzó hacia el bosque, mientras gritaba cayendo al vacío.

— ¡Nooo Craig!— gritó la reina contemplando la caída de su camarada. — ¡Malditas plantas…soltadme! ¡DEJADME EN PAZ! —Usó su magia, cada ápice de sus fuerzas, pero era demasiado. Los brazos espinosos le arrancaron sin demora sus plumas y dejaron sus alas desnudas, ensangrentadas. Ella gritó con todas sus fuerzas, mientras que sus ojos captaban como sus dos guardias eran arrojados al bosque y en esos segundos ella se desmayó y sonó un golpe.

Quedó inconsciente. Sumergida en la oscuridad. No supo cuánto tiempo pasó pero oyó al rato una voz profunda, como la de un monstruo.

—No…toques…lo que no es tuyo. Aléjate de aquí, huye criatura equina. ¡NADIE ME ARREBARA LO QUE ES MIO! ¿Me oyes? ¡¡¡¡¡¡MIO!!!!!!!!

Entonces se despertó. De golpe, sus ojos esmeraldas se aclararon. Estaba echada en un fango pegajoso y asqueroso. Circundaban enormes arboles sin hojas, impregnados de un líquido viscoso. El aire olía fatal y crecían hierbajos y matorrales nada apetecibles. Y las zarzas y cantidad de espinos reinaban por el suelo embarrado.

https://www.youtube.com/watch?v=QE_jOCqKE3w

La alicornio de blanco pelaje sintió un agudo dolor de cabeza, seguramente se habría golpeado de la caída. Miró sus alas y ahogó un pequeño grito. Se tapó el casco con la boca tratando de contener su amargura. Sus preciosas alas de plumaje reluciente, ahora era un despojo, manchado de sangre, desplumada casi, lo poco que le quedaba estaba rajado…dolía, dolía mucho. Intentó levantarse, quitándose aquel viscoso fango y se incorporó con su cuerpo dolido. Miró en torno a ella, pero no encontró a nadie. Gritó.

— ¡Craig! ¡Speed! ¡Steel! ¿! Donde estáis!? — pero no halló respuesta, solo el sonido de zumbidos de insectos insoportables y de la flora avivada. Comenzó su caminata, algo asustada, desorientada… La cosa no empeoró hasta que pasaron escasos minutos.

Algo hacía temblar al suelo. Escuchaba unas poderosas pisadas, como las de un gigante. Cada vez más cerca… Siendo esclava de sus sentidos, se ocultó detrás de uno de los árboles y asomando la cabeza con cautela divisó algo.

Era una criatura arbórea repleta de espinas, alta y delgada con ojos verdes resplandecientes y algunas ramas que emanaban de su cuerpo. Por no mencionar hojas de afiladas siluetas que coronaban su espalda. Aquel monstruo gruñía continuamente como la voz de una bestia en las cuevas.

Aquel árbol andante miraba giraba su cabeza de un lado a otro. Como un centinela.

La reina se tranquilizó al ver como aquella bestia vegetal se alejaba de allí. Fue en ese instante cuando la alicornio pudo proseguir su andar sin un rumbo fijo, en dirección opuesta hacia donde se había marchado el monstruo.

No podía ver el sol, ni ninguna indicación que le sirviera de brújula. Anduvo entre la niebla venenosa, los lagos ponzoñosos y plantas peligrosas, se topó con algunas carnívoras, y flores de hermosos pétalos que desprendían gases, que seguro eran letales. Aunque gracias a la burbuja estaba a salvo, no podía librarse del espantoso hedor que se liberaba.

Más de un par de veces se topó con algunos centinelas como el que vio anteriormente, por fortuna estaban lejos y difícilmente podían verla. Escuchó algunos de sus alaridos, eran terroríficos.

Encontró posteriormente un cráter enorme en el suelo del cual emergían zarzas de enormes espinas y en cuyo interior se concentraba un toxico líquido que hervía. La curiosidad de la reina la atrajo a aquel cráter.

— ¡Aaaah! — dio un grito enorme, cuando de entre de aquel veneno en ebullición, surgió una especie de insecto inmenso con forma de gusano y provisto de dos patas que actuaban como brazos. Sus ojos como los de una mosca, eran azules y poseía una lengua larga y fina. Aquel adefesio agarró a la poni con su lengua, mientras trataba de escapar arrastrándose. Ella vociferaba de miedo mientras aquella criatura la atraía al pozo hirviendo. Se hundió en el cráter y la reina estuvo a punto de caer con él. Creyó que se desharía allí y que todo acabaría pero antes de caer, oyó un grito proveniente de la espesura de su lateral y de repente quedó libre, oyéndose en el fondo del cráter, el sufrimiento de aquel insecto.

Su excelencia se quedó absorta y cuando levantó su inocente mirada halló al caballero, Craig con el hacha incrustada en el suelo y junto con la lengua del monstruo cortada y manchada de sangre colorida.

—Veo que he llegado a tiempo. JAJA. —Exclamó orgulloso tras su máscara de hierro.

—Oh, no sabéis como me alegra veros, Craig. — confesó la reina.

—Lo mismo digo….mmm, — el caballero de pelo oscuro se resintió un poco de dolor. La reina se fijó y descubrió que su brazo izquierdo sangraba levemente.
—Estáis herido… — masculló la reina.

—No os preocupéis majestad. Aún puedo luchar. —confirmó. — ¿Dónde está vuestra escolta?

—No lo sé… —contestó. — cayeron en otro lugar. Estoy muy preocupada por ellos. — bajó la mirada triste.

—No desesperéis alteza, tenemos hasta el anochecer…creo que podremos encontrarlos. Además no habrán ido muy lejos. — dedujo el humano. Giró su mirada a su alteza y vio sus pobres alas. —Por el amor del cielo. ¿Y soy yo el que parecía herido? ¿Qué os han hecho?

—Ahora mismo eso no importa, debemos encontrar a mis guardias. — repuso ella.

Craig asintió aunque no podía evitar preocuparse al ver cuán desgastadas y heridas estaban las alas de la alicornio. Desincrustó su pesada hacha del suelo y juntos partieron por donde la reina se estaba adentrando.

— ¿Como sabemos hacia dónde vamos? — preguntó la reina.

Craig dio una leve risa.

—Eso se puede arreglar

Craig se aproximó a uno de los árboles, este tenía ramas abundantes y bastante sólidas. Empezó a subir con toda la agilidad que pudo.

—Tened cuidado — dijo la alicornio.

Craig fue subiendo poco a poco hasta que había logrado salir de la espesura del bosque para visualizar el cielo encubierto y donde se hallaba la torre. Su intención sobre todo era orientarse y hallar a los pegasos que habían caído cerca de la reina, pero no veía nada.

Descendió con cuidado e informó a la reina.

—La torre esta al norte de donde estamos, por allí —señaló. — Deberíamos rodear esta zona, es posible que los encontremos pronto.
—Eso espero. —susurró la reina para sus adentros.

Craig fue por delante. Atravesaron parajes del bosque enfermo encontrándose con un peligro tras otro. Había una cantidad inmensa de insectos que jamás habían observado. El veneno había creado monstruos con características de lo más extrañas. Aunque cuando el sol casi había alcanzado el cenit, ambos estaban cansados, por fortuna la sed se curaba gracias al agua que el humano trajo consigo, pero no duraría mucho. Encontraron un enorme lago de contenido verdoso, burbujeante….Fue algo insólito, yacían estacas con esqueletos o cadáveres humanos descompuestos en ellos. No solo eso, también emanaban de aquel infesto algunas de las zarzas con forma de garra que previamente habían osado atacarles.

—Qué horror… — declaró la reina mientras aguantaba una arcada.

—Si…todo esto es por culpa de Syrami. No entiendo qué clase de espantosa bestia es capaz de hacer todo esto.

— ¿Y qué hay de esos monstruos gigantes que rondan por aquí? —cuestionó la reina.

— ¿Esos? Je. —levantó la mirada al cielo. —Esos eran arphoreos, antiguos miembros de la tribu. Algunos incluso seguidores de Syrami, pero esa asquerosa los ha convertido en sus esclavos mentales y los ha mutado con su magia y el veneno que por estos lares aflora. Ha tenido el valor de sacrificar a su gente de esta forma. Menudo monstruo. —explicó cuando apretaba con todas sus fuerzas el mango de su hacha.

—Sí, es espantoso. No me esperaba ver esto.

En medio de su conversación algo emanó de entro los arboles de forma abrupta. Uno de los arphoreos con brazos largos y de unos tres metros de altura corría hacia poni y humano. Estos corrieron como pudieron rodeando la orilla del enorme pozo de veneno. Para su mala suerte, las garras de espinas se alertaron y se lanzaron a por los seres de carne inmovilizándolos.

— ¡Por Milias! ¡Que plantuchas más latosas! ¡Dejadnos! —gritaba mientras trataba de cortarlas rápidamente al son de los pasos del arphoreo gigante que se aproximaba peligrosamente. Pero una de las zarzas le arrebató su arma y la arrojó lejos de él.

El gigante agarró a la reina en cuanto pudo. Le apretaba con fuerza mientras esta sufría. Craig era oprimido por las garras que le tenían cogido por cada una de sus extremidades, incluso por el cuello.

— ¡Soltadme! ¡SOLTADME inmundos monstruos! —exclamaba agitadamente.

Cuando la situación les fue totalmente adversa, dos ponis aparecieron en su ayuda, los dos guardias pegasos. Quienes aunque tenuemente heridos, podían volar y luchar. Su primer ataque, el cual ejecutaron fue contra el arphoreo que sostenía a su feudal. Sendos ponis propinaron poderosas coces al tronco del monstruo, al cual lograron tumbar haciendo temblar la tierra. Nuevas zarzas surgieron del lago a interceptar a los ponis, pero lograron evadirlas lo suficiente para ayudar a su reina, mordiendo cada una de las zarpas del monstruo y liberando a la alicornio, la cual sonreía aliviada.

Pero no tuvieron pausa alguna. El gigante de madera podrida se reincorporaba lentamente y los ponis aprovecharon ese tiempo para deshacerse de las zarzas que apresaban al caballero, algunas de estas los acecharon como cobras a punto de morder, pero eso no los intimido. Los pegasos cautelosamente agarraron con sus poderosas mandíbulas a las zarzas por donde no había espinas y consiguieron arrancarlas, aunque con dificultad. Con un par cada uno bastó para que el corpulento humano las arrancara por sí mismo. Para entonces el arphoreo corría hacia allá para aplastarlos con sus gruesas patas. Craig correo lo más que pudo y recogió su hacha mientras rodaba para esquivarlo. Se apoyó con una mano en el suelo y con la otra, con todas sus fuerzas clavo el filo de su hacha en el tronco de sus patas, haciéndole sangrar de forma sorprendente una savia amarillenta, mientras gemía de dolor. Craig volvió a reiterar su corte y con el propio peso del monstruo se partió la pata.

Vulnerable en el suelo, era la oportunidad perfecta, la reina arrojó un haz de su poderosa magia de color esmeralda hacia su cabeza y como resultado esa parte se quedó quemada. Se revolcó por el suelo y se bajó en el lago podrido hundiéndose en el cómo su fueran arenas movedizas. Viéndose en los últimos momentos como trataba de salir, con su garra extendiéndose algo en la superficie y cayendo en el fondo del mortífero veneno. Las zarzas se apartaron y también se hundieron en el lago por propia voluntad.

Los cuatro respiraron por fin de alivio ante este peligro. La reina tosió lentamente, alegrándose al mismo tiempo por sus dos súbditos que tanta valentía habían demostrado.

— ¿Os encontráis bien majestad? —revisó uno de los pegasos.

—Sí, gracias a vosotros. — respondió la hermosa poni de crin celeste turquesa. —Os debemos nuestras vidas.

—Sí, yo también estoy bien —interrumpió Craig mientras se reía. —Siento entrometerme, pero partir sin demora.

—Sí, tenéis toda la razón caballero. — Continuó la reina — debemos continuar hacia el norte.

Todos asintieron. Con el caballero al frente, atravesaron fugazmente el bosque envenenado hacia la torre que reinaba aquel lugar. El mediodía había pasado y el atardecer se asomaba. El tiempo menguaba para que su burbuja se desvaneciera y quedaran a merced del toxico aire del bosque.


https://www.youtube.com/watch?v=ZmMQkzJTwDU

Las nubes del cielo se tornaban más oscuras conforme más cerca de la torre se hallaban los viajeros. Se podía escuchar en la lejanía fuertes truenos, causados por una tormenta. Esto alertó a los cuatro intrépidos. El más preocupado era Craig.

—Parece que se avecina una tormenta… —comentó.

—No creo que suponga un problema — añadió uno de los hermanos.

—No sé yo…ya es difícil avanzar así y bastantes problemas estamos teniendo, si llueve es posible que los pozos de veneno se desborden o quien sabe que otra calamidad puede suceder. —explicó el adulto humano. —Mejor nos apresuramos.

No paso escaso tiempo hasta que los truenos se volvían más persistentes y las primeras gotas de lluvia empezaban a caer entre el bosque ponzoñoso. La reina sintió una de las gotas caerle en el lomo. Pero cuando cayó ella reaccionó como cuando un poni se quema una pata.

— ¿Qué pasa? —inquirió asustado el hombre.

— ¡Ah! — dijo resentido uno de los pegasos.

El caballero estaba totalmente extrañado, de pronto el sintió una de las gotas colmarse en su hombro, que recubierto en tela, comprobó como la gota empezaba a corroer la tela como la baba de un dragón.

—Maldición… —musitó —esto no es bueno…

Varias gotas precipitaron sobre ellos provocando respectivas consecuencias, una sensación de quemadura, que dejaba marca en la piel. La alicornio de ojos verdes fue la primera en tomar cuenta del asunto.

— ¿Qué está pasando?—exclamó sorprendida la reina.

— ¡Rápido hay que buscar refugio, vamos! —exaltó Craig.

Sabiendo cual nocivo era el efecto de la lluvia que se avecinaba, trotaron y corrieron en busca de refugio. Segundos después la precipitación se volvía intensa, la lluvia empezó a caer sobre ellos poco a poco cuando quedaban al descubierto, dejando tras de sí un dolor de quemadura insoportable. La tela de Craig empezaba a deshacerse lentamente.

¡Vamos, vamos! Allí, ¡bajo ese árbol! —indicó el guerrero.

Encontraron por fortuna un árbol titánico de ramas extremadamente gruesas. Pudieron quedarse bajo las mismas, viendo como los restos de la tierra fangosa que le rodeaba caía ante el implacable efecto acido de la lluvia.

Por los cielos…—Craig miró a los ponis, él era el único acorazado capaz de no sentir apenas el fuego de la lluvia, pero los ponis, la reina incluida presentaban la piel enrojecida, signo de quemadura. Se resentían como si tuvieran un escozor puñetero, pero no presentaban heridas graves, puesto que tampoco se habían quedado muy expuestos. —Eso no tiene buena pinta — observó.

—No temáis, caballero. Estamos bien, pero no creo que aguantemos bajo esta tormenta de fuego. —aclaró la monarca.

—Sí, es verdad. —continuó el guardia.

—Mmmmm, pero no podemos quedarnos aquí…se nos agota el tiempo.

— ¿Y qué hacemos? — preguntó el otro pegaso.

—Mmmmm, no se… maldita sea.

La reina exhausta se sentó sobre sus cuartos traseros, cuando observando aquel robusto árbol descubrió algo que le iluminó el rostro entre la tormenta. La corteza del árbol.

—Eh, mirad…—llamó la atención.

— ¿Que ocurre alteza? —dijo Craig curioso.

—Mirad la corteza de este árbol. —les guio.

Cuando la miraron con detenimiento se fijaron que el árbol estaba desgastado y había algunos trozos de corteza de lo más gruesa, como un escudo de madera reforzado.

—Podríamos emplear la corteza como una coraza para llegar a la torre. Estoy segura que resistirá. —sugirió con una sonrisa.

—Majestad…—empezó Craig. —Vuestra imaginación e inteligencia se equipara a vuestra belleza JAJA.

Con sonrisas en sus rostros arrancaron con fuerza un trozo de corteza lo suficientemente grande para cubrirse. Pero debían tener cuidado.

—Bien, yo sujetare esto. Soy el más alto. —argumentó el humano.

—De acuerdo. Deberíamos evitar pisar zonas húmedas, podríamos quemarnos. —anunció ella.

—Lleváis razón. ¡Adelante!

Con un gruñido de esfuerzo entre el trueno de la tormenta, Craig levantó el grueso escudo que se habían agenciado. Anduvo con pies de plomo por el terreno, mientras los ponis se refugiaban con él y las gotas de ácido caían a su alrededor rechazadas por la madera. Algunas veces al pisar sentían dolor por tocar zonas encharcadas del veneno, pues pese a no sufrir sus efectos nocivos, no podían evitar sus otras características.

A medida que avanzaban con los chubascos, encontraban con más normalidad esqueletos tirados a pie de árbol o en los charcos. Por no mencionar huesos sueltos y una abundancia de insectos de lo más extravagantes que eran inmunes a la lluvia. Uno de los rayos acertó cerca de ellos emitiendo un destello enorme y un ruido infernal.

Paso acerca de una hora, una hora de caminatas difíciles y riesgos ineludibles. Pero resultó que algo no encajaba. Craig notó como su salvavidas empezaba a consumirse, no podría aguantar mucho tiempo más.

—Por todos los cielos….este corcho no aguantara mucho, tenemos que encontrar otro igual, pero no hay alguno similar…

—No temáis, ya no debe faltar mucho, por lo que…—La reina concentrada hizo brillar su cuerno, desprendiendo un fulgor que moldeó un escudo mágico.
Craig rio ruidosamente.

—Los ponis no dejáis de sorprenderme…— expresó el humano —Pero…como no habéis hecho esto antes.

—Veréis joven caballero, un escudo mágico es un hechizo difícil de sostener, no podría mantenerlo mucho tiempo y esa oportunidad era la más adecuada para poder llegar lo más cerca posible. —explicó mientras su cuerno mantenía su verdoso resplandor.

—Impresionante…así pues, démonos prisa.

Las gotas de ácido caían en la barrera como pequeños proyectiles que se deshacían al tocar el escudo. Pero mientras el tiempo continuaba, también el cansancio de la reina se hacía palpable, de vez en cuando gruía de esfuerzo o contraía sus músculos como forzando su cuerno y sacar su magia.

—Vamos amiga…no desfallezcáis, no debe quedar mucho.

—Adelante majestad, podéis hacerlo, solo tenéis que aguantar un poco más. — le dijeron sus súbditos.

Eso le inspiro fuerzas a la alicornio, quien con mirada decidida continuó manteniendo la barrera con fuerza y parando su continua amenaza. Usualmente cerraba sus ojos para ordenar su mente y aumentar su concentración, pero le era imposible ignorar el cansancio y un dolor de cabeza que estaba haciendo acto de presencia.

—Mirad —señaló el caballero al cielo.

Todos miraron y comprobaron con sus rostros alumbrados que las gotas de lluvia cesaban y el chisporroteo desaparecía. La reina suspiro de alivio y cuando observó que la lluvia había cesado por completo, ella menguó la fuerza del escudo que desaparecía haciendo más transparente. Ella cayó al suelo agotada. Con una jaqueca considerable.

— ¡Majestad! —exclamaron preocupados sus guardias.

—Estoy bien…no os preocupéis, solo estoy un poco cansada.

De pronto Craig cogió a la alicornio con todas sus fuerzas y la puso en su espalda.

— ¡Wooo! ¿Cómo osáis, que hacéis? —preguntó la reina asombrada sobre la espalda de Craig. Los pegasos se sorprendieron.

—Ya habéis hecho bastante esfuerzo majestad, creo que es nuestro turno para devolveros el favor. JAJA. — El humano se aupó y comenzó a andar con ella a cuestas, pero estaba algo indignada.

— ¡¿Cómo decís?! —Se exaltó —No voy a ser una carga para vuestra figura.

—Con el debido respeto majestad. Sois más fina que un fideo, por lo que carga no creo que seáis. Además tampoco voy a caminar mucho. —explicó divertido.
— ¡Que no! De verdad, puedo caminar bien —insistió ella.

—No seáis tan cabezota. Ale, a la torre. —terminó y emprendió la marcha con los pegasos siguiéndole los pasos de cerca.

La reina aunque inconforme a la decisión, aprovecho para descansar, mientras su escolta andaba recto. El paisaje se volvió menos forestal. Abundaban las rocas impregnadas de veneno y huevos de a saber qué extraña criaturas. Unas enormes raíces poblaban el suelo y los arboles iban escaseando. La torre de alzaba ante la vista. Coronando el paraje. Corría un viento frio que levantaba veneno de la tierra y esparcía las humaredas.

—Majestad, abrid los ojos.

— ¿Emm? —abrió sus ojos y adaptándose a la luz contempló ante ella a unos centenares de metros la torre de Syrami. Un torreón hexagonal de oscura fachada con púas y espinos decorando su exterior, una alta torre que rasgaba las oscuras nubes que parcialmente ocultaban el sol.

—Al fin —declaró Craig. —Parece que llegaremos antes del crepúsculo.

La mirada de los viajeros quedaba clavada en la torre mientras el sol descendía y daban cara a su próximo destino, la torre de aquella conocida como “la celosa” El viento resonaba con soledad.
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Re: La ascensión de la reina (Segunda parte disponible)

Notapor Summerium-Kalimium » 06 Ago 2014, 00:43

muy bueno, me gusta
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Re: La ascensión de la reina (Segunda parte disponible)

Notapor MoisesR » 06 Ago 2014, 01:18

Excelente capitulo. Ya quiero ver lo que encuentran en esa torre misteriosa :D
Agradecemos que te tomes tu tiempo para escribir, pues no todos se lo toman. Muchas gracias por continuar la historia :)
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Re: La ascensión de la reina Capitulo 4

Notapor Angelus-Y » 31 Ago 2014, 01:45

Hola, perdonad el retraso una vez mas, os dejo aqui el capitulo 4, me gustaria que dierais vuestra sincera opinion acerca de como va la historia, por saber si lo estoy haciendo de la forma correcta. Un cordial saludo y espero lo disfruteis.

Spoiler:
La ascensión de la reina. Capitulo 4: En las profundidades...


La torre de Syrami…el hogar de una bruja consumida por los celos, la envidia y entosigada por el veneno. La estructura se alzaba ante el bosque enfermo. Una torre hexagonal revestida de afiladas zarzas, que se levantaba en un valle rocoso el cual estaba infestado de gruesas raíces que penetraban en el suelo.
El cielo estaba oscurecido y extrañas criaturas insecto rodeaban la torre, mientras los cuatro viajantes se aproximaban a ella.

La reina posaba sobre los hombros, descansando de la ardua tarea que había realizado. Sus dos guardias pegasos, permanecían alerta en todo momento, entusiasmados en defender a su feudal.

Anduvieron por el triste paisaje. El suelo dejaba salir humaredas de toxico gas, provenientes del subsuelo y además había formados numerosos estanques y cráteres que rebosaban de fluido nocivo.

Pronto llegaron a un barranco en cuyo fondo yacían los restos de un rio, ahora invadido por el tósigo.

—Este debe ser uno los ríos de agua pura que fluía por el bosque…No imaginaba que habría quedado así…Maldita bruja. —comentó Craig a los pegasos.

— ¿Por qué estará haciendo todo esto esa criatura? —inquirió uno de ellos.

—Quien sabe lo que puede mover una mente tan retorcida...desde que se volvió un monstruo empezó a infestar todo lo que interponía de veneno. —explicaba.

— ¿Y si fue ese veneno el que la volvió loca?

—Oh…

El robusto caballero volvió la mirada a sus espaldas. La alicornio había despertado de su sueño, dio un ligero bostezo y bajó de su “montura”, mientras se estiraba y contemplaba el panorama que les rodeaba.

—Cada uno es responsable de su destino majestad. Syrami ha causado demasiado daño…he prometido acabar con su existencia. Tal vez si acabamos con ella…este bosque volverá a la normalidad… —entonces suspiró con pena —…algún día.

—En eso no os equivocáis, caballero. —respondió la reina. —No obstante, yo aún desconozco que es lo que guarda esa torre que es importante para mí.

— ¿Y creéis que ese “algo” os ayudara en vuestra labor? —cuestionó él.

—Supongo que si —contestó con la mirada baja. — Tengo una deuda pendiente…y no me bastaría vivir en el bosque sano sin más…desde que anduve por la oscuridad…sentí…curiosidad.

—Curiosidad…—repitió. —La horma del zapato. A pesar de eso…nuestros intereses nos han juntado, y matar a Syrami es un objetivo común.

—Así es…—asintió la alicornio.

La reina se percató de que algo abrumaba la mente del humano en aquel instante. Flexionó sus rodillas escudriñando el terreno que se extendía la vista. La dulce poni empatizó con él.

— ¿Que os atormenta, joven guerrero? —preguntó la reina colocándose a su lado.

—No es nada…solo torpes pensamientos. —carraspeó su garganta y cambió de tema. —Parece que el curso lleva a la torre si seguimos rio arriba. Está empezando a atardecer…deberíamos partir ya, os recuerdo que la esencia de burbuja se acabara al alzarse la luna en su estadio más alto.

Asintiendo se pusieron en marcha. Lograron encontrar unas escaleras de piedra que descendían a la base del rio y desde ahí cursaron rumbo a la torre. Aún quedaban pequeñas charcas en el rio, obviamente contaminadas del tóxico que afloraba en el aire. Y las paredes rugosas de piedra estaban impregnadas de mugre y suciedad. Fue cuando en su camino entablaron nuevamente una conversación.

Craig dio un extenso suspiro y se dirigió a la reina.

— ¿Creéis que existe algo detrás de la muerte, alteza?

La reina se sobresaltó ante tan inesperada pregunta.

— ¿Por qué me lo preguntáis?

—Nada…mera curiosidad. —respondió desganado.

La reina agitó la cabeza negando.

—Una pregunta así no surge por mera curiosidad. Desahogaos.

Craig mantenía la mirada clavada en el suelo, triste por alguna razón profunda y se le calcaba en todo su cuerpo.

—Me he estado preguntando…Cuando acabe todo esto, ¿Qué podría hacer? Ya…no me queda mucho por lo que vivir.

La reina se puso a dos patas y golpeó con su casco derecho el brazo de su compañero.

— ¡Eh! ¿A que ha venido eso? —dijo mientras se frotaba.

— ¿Cómo osáis pensar así? —preguntó irritada. —Tenéis mucho por lo que vivir.

—Es fácil decirlo. Pero las dos únicas cosas que me daban ánimos de vivir se han ido. ¿Qué soy ahora? Tan solo un cascaron impulsado por la venganza.

—Os equivocáis, he estado con vos y veo una persona optimista y emprendedora…Vuestra esposa e hija deben de estar orgullosas, querrían que vos fuerais feliz. —De pronto algo vino a la mente de la reina que le iluminó su cara. — ¡Ah…ya se!

Craig se extrañó, curioso de que estaba rondando por la cabeza de su compañera.

— ¿Por qué no os venís con nosotros? — le propuso sonriente.

Craig cambió su expresión tras la máscara de hierro.

— ¿Cómo decís?

—Claro…cuando todo esto acabe, vendréis con nosotros. Me haría feliz que compartierais vuestra presencia con mis súbditos y conmigo. Decidme que aceptareis.

—Vaya…—introdujo el caballero. — No me esperaba tal petición. —alzó la mirada al cielo, teniendo en mente lo que acababa de escuchar. —Lo tendré en cuenta…hmhm.

La reina esbozó una sonrisa.

—Majestad…mirad. —Uno de sus guardias captó su atención.

Pararon sus pasos contemplando lo que habían encontrado. En frente suya se encontraba una puerta descomunal, hecha de madera oscura, en la que había dibujada un gran símbolo de un árbol de extensas ramas, circundado de estrellas.

—Vaya…impresionante —declaró sorprendido.

—Es el símbolo del pueblo arphoreo. —dijo Craig. —Me pregunto a donde llevara… Quizás. —retirándose unos pasos discernió la torre oscura muy cerca de ellos sobre sus cabezas, entonces pensó. —Debe llevar a la guarida de Syrami.

— ¿Pero…como entramos? —preguntó la reina escudriñando la puerta.

—Parece muy robusta, evidentemente no la podemos abrir a la fuerza y…

La bella alicornio de pronto empezó a notar la voz de Craig distorsionada, de tal forma que al final quedó indistinguible. Pero entre los extraños sonidos, una clara voz, que era profunda y espectral, se escuchó en su cabeza.

— ¿Sois vos la monarca que busca saciar su sed de poder con mi magia? ¿O una mera marioneta del morador? En cualquier caso, sois bien recibida…hmhmhm. Pronto conoceréis que se siente…

La vos se difuminó en su cabeza. Todo empezaba a volver a la normalidad. Sus guardias y su aliado estaban llamándola, con caras llenas de miedo, pensando que algo grave le había pasado.

—Majestad… ¡Majestad!

— ¿Eh?... ¿Qué?... ¿Qué ha ocurrido?

—Cielo santo…que susto, os habíais abstraído y pensamos que os había ocurrido algo. —confesó el corpulento humano.

—Oh, perdonad, es que…estaba en las nubes.

En ese instante se escuchó el sonido como de una llave al abrir una cerradura. Las puertas empezaron a abrirse lentamente como si alguien les hubiera invitado.

—Bueno…parece que no tendremos problema en entrar, jejeje.

Con una fría sensación recorriendo sus pieles se atrevieron a adentrarse en el interior. Era una cueva oscura y fría alumbrada en algunos lugares por unas antorchas que chisporroteaban por un fuego mágico de color verde. Craig optó por coger una de ellas y usarla para alumbrar su camino a través de ella.

La reina enseñaba una expresión de repugnancia a medida que avanzaban. Estaba viendo montones de calaveras y esqueletos aparentemente humanos, apresados con ramas. Craig se paró enfrente de uno y lo alumbró.

—Por lo divino… ¿Qué horrible destino les ha acontecido?

Los ponis tapaban sus hocicos ante el repulsivo hedor que desprendían los huesudos cadáveres. Un olor más insoportable que cualquiera que hubieran encontrado en el bosque. La reina casi sintió ganas de devolver.

— ¿Cuántas vidas humanas se habrá cobrado esa diablesa? —En el momento apretó el puño furioso. —Otra razón más para poner fin a su existencia…asquerosa.
Continuaron su paso, pero la reina quedó ante el muerto, escasos segundos lanzándole una mirada de pena. Expirando en silencio se marchó tras los suyos dejando atrás el lugar.

Pronto la estructura de cueva desaparecía y empezaron a entrar en una zona que se asemejaba a las mazmorras de un castillo. Las paredes eran lisas y con extraños dibujos, algunos de ellos eran de lo más siniestros. Garras, viles criaturas, plantas siendo devoradas… El suelo estaba encharcado y se hacía incomodo andar por él. El silencio se quebraba por el continuo goteo de la parte superior.

—Decidme majestad…—Craig trató de romper un poco el hielo. — ¿Dónde nacisteis?

A la reina parecía no agradarle mucho hablar del tema.

—Bueno…tengo un pasado incierto. La verdad… —se ensimismó en sus memorias, recordando… —Nací en el reino del sudeste (buscar nombre), cerca de las tierras baldías. Por mis venas corre sangre real. Mi madre murió al poco de yo nacer y mi padre no tardó en seguir su rastro. Fui criada por mis fieles súbditos, ya que mi padre…al enfermar estuvo incapacitado para cuidar de mí, por lo que…no conozco muy bien lo que es el amor de un padre, o una madre.

—Vaya...lo siento. No lo sabía. —excusó.

—No lo sintáis. —esbozo una mueca de dolor. —No puedo estar disgustada por mi infancia. De hecho me siento afortunada.

—Poseéis un gran optimismo. Es bueno saberlo. ¿Qué me decís de vuestros súbditos?

—Bueno, ellos han sido siempre mi familia —respondió fácil y con una sonrisa. —No todos los ponis que Vivian en el reino me apreciaban con locura, pero si muchos de ellos han mostrado una lealtad irrompible.

Los dos pegados que estaban al frente y alerta, se volvieron e intervinieron con sinceridad.

—Siempre hemos prometido lealtad a la familia real, a pesar de las duras circunstancias. Además, vuestra excelencia ha demostrado ser una autentica líder.
La reina se ruborizo tenuemente. Mientras el otro hermano pegaso continuó.

—Desde pequeña habéis reinado con fortaleza, empatía y sabiduría, poniendo a lo demás por encima de vuestros intereses. Portáis el benévolo corazón de vuestro padre y la sabiduría de vuestra madre.

—Y sabemos cuán importante es para vos esto…a pesar de vuestros errores, sabemos que tenéis derecho a rectificar y satisfacer vuestros deseos. Por eso siempre os acompañaros hasta el final, majestad.

Los pegasos se inclinaron suavemente mostrando su profundo respeto. La reina se tocó el corazón al mismo tiempo que el collar que sus seguidores le regalaron, sintiéndose más viva que nunca.

De pronto oyeron como Craig respiraba con la nariz taponada y se le veían los ojos un poco humedecidos.

—Sir Craig, ¿Estáis llorando?

—Pues claro…aquí huele fatal. Para no llorar —Se excusó mientras reanudaba el ritmo.

Una risa tonta se le escapó a la reina y los pegasos siguiéndole de cerca. Pero de pronto él se paró.

— ¿Qué ocurre? —cuestionó la esbelta poni de pelaje blanco.

— ¿Oís eso?

Los ponis levantaron sus orejas y afinaron el oído. Se podía distinguir el agua correr. Como el caudal de un rio.

—Sí, lo oigo. — asintió la poni.

Se apresuraron a la fuente del sonido, con la antorcha de fuego verdoso iluminando la oscuridad, hasta que llegó a una especie de alcantarilla. Se extendía ante sus ojos un laberinto subterráneo por el que discurría un líquido que relucía en la oscuridad y en el que unas raíces sinuosas se embebían en él. Seguramente se trataba de veneno. Craig curioso por el descubrimiento tiró una piedra al fluido, y parecía que no era peligroso, más allá del efecto nocivo que pudiera suponer.

—Esperad aquí… —se aproximó y metió su mano, recubierta por el acero del guantelete en el líquido. Era frio y al parecer cuando estuvo unos segundos con su mano sumergida, parecía no suponer un peligro. —No parece peligroso…prosigamos.

Anduvieron arrimados a la pared, al borde de los ríos subterráneos, haciendo el menor ruido posible. Cuando estuvieron a punto de torcer una esquina, uno de los guardias paró al grupo.

— ¿Qué ocurre ahora? —inquirió extrañado Craig en voz baja.

Entonces se escuchó un extraño gruñido, de lo más siniestro. Los cuatro asomaron la cabeza tras la esquina y hallaron algo espantoso. Ante sus ojos pudieron contemplar una extraña criatura. Invertebrada, con un torso y abdomen marcado, varios ojos brillantes de color ámbar. Dotado de unas poderosas extremidades superiores, con forma de cuchillas, que se asemejaban a una mantis y una espalda cubierta de púas. Aquella maligna presencia tenía además una cola sinuosa y unas patas de garras afiladas. El exoesqueleto que lo cubría era de un color azul verdoso llamativo. Era como un insecto soldado, el cual bebía de los líquidos que corrían por los conductos, como un perro sediento.

Sin intención, la reina quiso aproximarse solo un poco para analizarlo mejor, pero por mala suerte dio con sus cascos a una pequeña piedra que al rodar hizo ruido. Al escucharlo retrocedieron y se ocultaron tras la esquina. El soldado insecto captó el sonido también y sacó su cabeza del fluido, mostrando sus peculiares mandíbulas que rodeaban su boca. Era un bicho que babeaba continuamente, parecía estar olisqueando el foco del ruido.
Mientras, los cuatro yacían incluso conteniendo la respiración y manteniéndose tranquilos, hasta que el peligro hubiera pasado, pero la amenaza avanzaba por el suelo hacia ellos de forma instintiva, agazapado cual depredador y emitiendo ruidos que daban a conocer lo hambriento que se encontraba.
Craig al percibir sus pasos cada vez más cerca preparó el hacha para contratacar si fuera necesario. Sin embargo al estar a punto de torcer el borde de la pared, el extraño insecto paró en seco cuando se oyeron unos ruidos metálicos en otro lugar.

Al alejarse, volvieron a asomarse y contemplaron completamente al esperpento.

—Sí que es feo el condenado —masculló Craig por lo bajo.

Investigando el terreno que le rodeaba pocos segundos, seguidamente se volcó al viscoso fluido y lo atravesó por el lado contrario como un pez desarrollado.

Una vez se fue el grupo suspiró aliviado.

—Ufff, ha faltado poco. —dijo la reina. — ¿Qué era aquella bestia?

—Deben ser seguidores de Syrami…seguramente ella los esté controlando. Apostaría mi honor a ello. —opinó el humano. —Parece ser que tendremos compañía a partir de ahora.

Desde entonces todos prosiguieron cautos, por si se enfrentaban a una sorpresa desagradable.

—Hay algo que no me encaja…—saltó el caballero.

— ¿Mmm?

—Esta alcantarilla…o lo que sea. ¿Desde cuándo está aquí? Y… ¿Cómo se ha construido? No es algo propio de un arphoreo…Sera que…

— ¿Sera que que?

—Mmmm, olvidadlo, igual me estoy comiendo demasiado el tarro por nada.

Aunque sus pensamientos no venían muy a cuento, algo de razón tenía, sabiendo el cómo era supuestamente los arphoreos ¿Cómo habían construido algo así?
Prosiguieron a paso ligero unos minutos más hasta que llegaron a lo que parecía un callejón sin salida. Un pasillo amplio en el cual las paredes estaban repletas de conductos circulares que arrojaban aquel líquido colorido y al final una enorme garganta que se abría bajo el supuesto veneno acuoso. Se pegaron a la pared izquierda y observaron su situación.

—Por lo que veo, tendremos que sumergirnos para salir al otro lado.

— ¿Hay otra salida? —preguntó la reina optando por otra vía.

—No…a menos que estemos unas horas más por aquí dando vueltas y al final nos quedemos expuestos al veneno. —argumentó con cierto toque bromista.
El rostro de la reina esbozó una expresión de repugnancia al observar el líquido, era cuanto menos apetecible.

— ¿Os queda algo de agua Sir Craig? —inquirió la reina.

—Veré a ver… — De su cinturón desenganchó una botella envuelta en hojas. Agitando el contenido comprobó cuanto quedaba. —Sí, aún queda, tomad.
La reina bebió un poco de agua mientras el resto se preparaba, no obstante algo les hizo ponerse en alerta.

Escucharon sonidos metálicos con eco, cada vez más seguidos, hasta que casi lo sentían al lado suyo. Provenían de los pequeños conductos que plagaban la pared, de los cuales empezaron a surgir criaturas iguales al insecto que vieron previamente. Emanaban como abejas de una colmena. Nada más salir miraron a ambos lados y notaron la presencia del grupo. Al verlos abrieron sus mandíbulas para intimidarles.

Se echaron hacia atrás, asustados y contra la pared. Craig levantaba el hacha para intentar infundirles temor, pero era inútil, mientras seguían surgiendo más bichos de esa clase, los que ya habían puesto sus patas en el suelo se aproximaban a ellos más y más.

—Majestad, ahora sí que no podéis rechazar un buen baño dadas las circunstancias. —bromeó Craig ante el peligro.

Se miraron entre ellos, nerviosos. Uno de los insectos abrió sus fauces, y se preparó para lanzarse. Fue cuando todos de forma instantánea saltaron dando una gran bocanada de aire hacia el fluido. Se sumergieron como pudieron y atravesaron el conducto. El fluido en el que se hallaban embebidos era viscoso, costoso de atravesar…Craig era el nadador más notable, ya que los ponis tienen una mayor dificultad a la hora de bucear.

Los soldados insecto también reaccionaron al pasar un par de segundos y se sumergieron persiguiéndolos. Con el sonido de las burbujas de aire escapando de sus bocas y del líquido desplazado al avanzar, ocurría una persecución en ambiente líquido. Sus enemigos de desplazaban más rápido que ellos y la reina era la que más retrasada estaba. Los pegasos que la escoltaban miraban como aquellas bestias invertebradas estaban a punto de alcanzar a su venerada líder y retrocedieron a socorrerla. Bajo el viscoso líquido dieron unas potentes coces a las extrañas criaturas y lograron que retrocedieran, dándole un tiempo valioso a la alicornio, quien incluso empleó sus dañadas alas para poder desplazarse más rápido. Uno de los ponis resultó herido por un corte cuando una de esas depravadas bestias dio un tajo con sus afilados brazos. Su compañero lo ayudó a avanzar mientras ambos pataleaban para repeler a esos repugnantes monstruos.

El aire estaba escaseando, pero por suerte encontraron un hueco para salir a la superficie. Craig fue el primero. Alzó la vista con prisas contemplando un piso circular con escaleras de caracol hechas de piedra, casi destruidas. Con sus brazos se arrimó a las escaleras y volvió la vista hacia atrás. Le seguía la reina quien emergió del agua respirando desesperada. El humano la ayudó a salir.

— ¡Subid! —imperó el caballero.

—Pero…Steel y Speed. —tartamudeó asustada.

—Yo les cogeré, ¡Corred!

La reina se mantuvo paralizada e indecisa, pero Craig reiteró gritándole. De esta forma reaccionó y comenzó a subir los peldaños dispuestos en círculos. Por fin los pegasos lograron salir a flote, ayudados por Craig, pero tenían compañía.

— ¡Es Steel, está herido! —dijo uno de los pegasos.

El humano descendió su mirada al poni, su pata tenía un corte profundo y le sería muy difícil andar.

Pero no había tiempo. Los insectos salieron como peces del veneno líquido y se pusieron cerca de sus presas. Craig sin demora agarró al pegaso herido y todos empezaron a correr subiendo las escaleras mientras ascendían por el piso, seguidos por un gran grupo de enemigos.

La reina, quien se encontraba en una posición avanzada, al ver a sus amigos en apuros se colocó estática y usó su cuerno como cañón de magia y logró cubrir lo máximo posible a sus apurados aliados.

Más de un insecto fue derribado, los dos sementales y Craig siguieron subiendo escaleras eludiendo las cuchillas de las criaturas. Para asegurar mejor la huida Craig se dio la vuelta mientras corría hacia atrás y con el hacha logró dar un corte que echó fuera a un par de esos sanguinarios esperpentos y continuó corriendo tanto como pudo. La reina siguió apoyando desde una posición más elevada, pronto llegaron a la parte más alta, donde había una salida, pero los soldados invertebrados empezaron a plagar toda la sala, como una colmena.

— ¡Por aquí! ¡Rápido! —exclamó la reina mientras aguardaba la llegada de sus súbditos y su compañero.

Uno de los insectos se abalanzó desde la pared hacia la alicornio abriendo sus garras para luego ensartarla. Pero uno de sus guardias logró interponerse en su trayectoria y apartarlo de una coz, saliendo disparado e impactando contra la pared mientras gemía de dolor.

— ¡Vamos! —gritó el humano, corrieron por la salida, que daba a un estrecho pasillo y cuando pasaron todos la reina se dio la vuelta un segundo. Sus enemigos empezaron a entrar y a ver a sus presas, abriendo sus mandíbulas y expulsando babas viscosas. La reina les mantuvo la mirada, acumuló magia en su cuerno y sin dilación alguna disparó contra el techo del pasillo. Las criaturas se intimidaron ante la explosión y retrocedieron cuando los escombros cayeron a montones y bloquearon la salida, dejando al otro lado su amenaza.

Todos pudieron respirar hondo de alivio, Craig de hecho se encontraba apoyando sus manos en las rodillas mientras recuperaba su aliento, entre que los pegasos se tumbaron de cansancio y heridos de la reciente batalla.

—Menos mal —dijo la blanca poni aliviada.

De pronto más allá de las rocas, el ruido de los monstruos empezó a cesar, habiéndose rendido en su caza.

—Debemos proseguir…el tiempo no está a nuestro favor —aclaró Craig reincorporándose.

—Si… —respondió la reina centrada.

Los cuatro viajeros siguieron por el pasillo y subieron las escaleras, ascendiendo por la torre. Cada vez el veneno era más intenso y el ambiente más espantoso, pero se acercaban a Syrami, la bruja celosa quien residía en lo más alto de la torre.
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Re: La ascensión de la reina. (Aventura, Oscuro)

Notapor MoisesR » 08 Sep 2014, 00:53

Tuve el gusto de ser de los primeros en leer este capitulo :D y la verdad es que Craig es chevere. Ya conoces mi opinión sobre este capitulo amigo, asi que no tengo nada mas que decirte, excepto: ¡continua la historia por favor!
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